Índice de contenidos
- Creatina y cáncer: ciencia vs. titulares alarmistas
- Empecemos por el estudio que ha generado la alarma sobre metástasis
- ¿El estudio demostró que la creatina produce metástasis en seres humanos?
- Y pocos meses antes habíamos visto prácticamente lo contrario
- El cáncer es muchísimo más complejo de lo que cabe en un reel
- Entonces, ¿la creatina provoca cáncer?
- ¿Y si una persona tiene cáncer?
- Mientras discutimos sobre creatina, hay factores de riesgo de cáncer mucho más importantes que sí conocemos
- Tabaco, alcohol, alimentación y músculo: prevención activa
- La prevención también significa vacunarnos y participar en los programas de detección precoz
- Muchas personas quieren certezas. La ciencia casi nunca funciona así
- Entonces, ¿qué hago con mi creatina?
- Referencias clave
En las últimas semanas quizá hayas leído titulares parecidos a estos tratando de relacionar la creatina y cáncer:
“La creatina aumenta las metástasis.”
Y entiendo perfectamente que puedan generar miedo. Especialmente cuando hablamos de cáncer y nos preocupan los efectos secundarios de la creatina.
Pero hay algo que intento explicar siempre: leer ciencia no consiste en leer un titular. Consiste en entender qué se estudió, en quién, con qué dosis, durante cuánto tiempo y qué podemos —y qué no podemos— concluir de esos resultados para entender la verdadera evidencia científica sobre la creatina.
La ciencia rara vez es blanca o negra.
De hecho, en apenas unos meses se han publicado dos investigaciones sobre creatina y cáncer que, a primera vista, podrían parecer contradictorias. En una, la creatina mejoró la respuesta inmunitaria antitumoral y redujo el crecimiento de un melanoma en ratones. En otra, publicada posteriormente, la suplementación favoreció la aparición de metástasis en varios modelos animales.
Y sí: las dos cosas pueden ser ciertas.
Porque el cáncer no es una única enfermedad, la creatina puede intervenir en diferentes tipos de células y vías metabólicas, y el efecto de una sustancia puede cambiar dependiendo del tumor, el momento de la enfermedad, la dosis y el contexto biológico.
La medicina no es una ciencia exacta.
Empecemos por el estudio que ha generado la alarma sobre metástasis
En julio de 2026 se publicó en la prestigiosa revista científica Nature Communications un estudio titulado Exogenous creatine supplementation promotes tumor metastasis via megakaryocyte creatine kinase B-STAT5B signaling.
Los investigadores utilizaron diferentes modelos de cáncer en ratones —melanoma, cáncer colorrectal, pulmón y mama— y observaron que la suplementación con creatina favorecía la formación de metástasis pulmonares.
El mecanismo propuesto resulta especialmente interesante.
La creatina aumentaba su concentración en los megacariocitos, las células que originan nuestras plaquetas, activando una vía relacionada con la creatina quinasa B y STAT5B. El resultado eran unas plaquetas más reactivas que, en los modelos experimentales, podían facilitar la supervivencia y diseminación de las células tumorales circulantes.
Esto es científicamente importante y merece ser investigado.
Pero ahora viene una parte fundamental de la historia.
¿El estudio demostró que la creatina produce metástasis en seres humanos?
No.
El estudio incluyó una pequeña fase en humanos: 11 voluntarios sanos, hombres y mujeres de entre 20 y 25 años, tomaron 20 gramos diarios de creatina durante 14 días.
Es una dosis equivalente a una fase de carga y aproximadamente cuatro veces superior a los 3-5 gramos diarios que muchas personas utilizan como dosis habitual de mantenimiento.
Después de esos días los investigadores observaron un aumento de determinados parámetros de activación plaquetaria.
Pero ninguno de esos voluntarios tenía cáncer y, evidentemente, no se observó cáncer ni metástasis en ellos.
¿Qué hicieron entonces los investigadores?
Aislaron las plaquetas de los voluntarios antes y después de consumir creatina y las introdujeron, junto con células de melanoma, en ratones inmunodeficientes. Las plaquetas obtenidas después de la suplementación favorecieron una mayor formación de metástasis pulmonares en esos ratones.
Esa diferencia cambia por completo la interpretación de si la creatina produce metástasis.
Decir:
“Un estudio experimental encontró que la creatina favorecía las metástasis en ratones y que 20 g/día durante 14 días aumentaron la reactividad plaquetaria en 11 personas sanas”
No se ha demostrado que tomar creatina produce cáncer o metástasis en humanos.
Lo que tenemos delante es una señal biológica interesante que debemos investigar, especialmente en el contexto de personas con cáncer activo. No una demostración de que una persona sana que consume 3–5 gramos diarios de creatina (puedes comprar creatina Creapure en nuestra tienda con la máxima pureza certificada) tengan mayor riesgo de desarrollar cáncer o metástasis.
Y pocos meses antes habíamos visto prácticamente lo contrario
En marzo de 2026 se publicó en la revista iScience otro trabajo titulado Creatine uptake promotes dendritic cell activation and enhances antitumor immunity.
En este estudio se investigaron las células dendríticas, fundamentales para presentar los antígenos tumorales al sistema inmunitario y activar la respuesta de los linfocitos T.
La creatina ayudó a estas células a mantener sus niveles de ATP y mejoró su capacidad inmunológica. En un modelo de melanoma en ratones, la suplementación con creatina se asoció a menor crecimiento tumoral y una respuesta inmunitaria antitumoral más potente.
Además, en células dendríticas humanas estudiadas en laboratorio también aumentó su capacidad de activación.
Y no era la primera investigación que encontraba algo parecido apoyando los beneficios de la creatina monohidratada a nivel sistémico.
En 2023 otro estudio experimental había observado que la creatina mejoraba la función de los macrófagos, aumentaba la respuesta de linfocitos CD8+ frente al tumor y reducía el crecimiento de melanoma B16-F10 en ratones.
Entonces, ¿la creatina ayuda al organismo a combatir un cáncer o favorece sus metástasis?
Por ahora, no podemos responder a esa pregunta con un sí o con un no.
Y precisamente ahí está una de las lecciones más interesantes de esta historia sobre la suplementación deportiva y de salud.
El cáncer es muchísimo más complejo de lo que cabe en un reel
Hablamos de cáncer como si fuera una sola enfermedad, pero en realidad hablamos de centenares de enfermedades diferentes.
Incluso dos tumores originados en el mismo órgano pueden comportarse de manera completamente distinta.
El microambiente tumoral, el sistema inmunitario, las plaquetas, el metabolismo energético, la genética del tumor y del paciente, el estadio de la enfermedad y los tratamientos utilizados interactúan entre sí.
Una misma molécula puede influir favorablemente sobre determinada célula inmunitaria y, en otro contexto, activar un mecanismo completamente diferente.
Así de compleja es la ciencia y así de extraordinario es nuestro cuerpo.
Entonces, ¿la creatina provoca cáncer?
Con la evidencia disponible actualmente, no existe evidencia clínica que demuestre que la suplementación habitual con creatina provoque cáncer en personas sanas ni que aumente su incidencia.
Eso tampoco significa que podamos asegurar que conocemos absolutamente todos sus efectos en todos los contextos posibles para desterrar todos los mitos sobre la creatina.
Precisamente el nuevo estudio abre una pregunta que merece continuar investigándose.
Pero debemos ponerla dentro del conjunto de la evidencia y conocer a fondo para qué sirve la creatina leyendo nuestra guía completa.
La creatina es uno de los suplementos nutricionales más investigados que existen.
Ya en 2017 la International Society of Sports Nutrition (ISSN) señalaba que se habían publicado más de 1.000 estudios sobre creatina desde que comenzó a popularizarse como suplemento a principios de los años noventa.
Y tenemos información todavía más reciente para aportar tranquilidad sobre la toma prolongada.
En 2025 se publicó un enorme análisis de seguridad que revisó 685 ensayos clínicos en humanos, con 12.839 participantes que habían recibido creatina. En su búsqueda bibliográfica identificaron además 98 metaanálisis. La frecuencia global de efectos adversos no fue significativamente diferente entre quienes tomaron creatina y quienes recibieron placebo. Algunos estudios incluidos tuvieron duraciones de hasta 14 años.
Así que podemos hablar de más de tres décadas de investigación acumulada sobre creatina.
Esto no significa que tengamos un ensayo clínico que haya seguido durante treinta años a las mismas personas —no es lo mismo—, pero sí disponemos de un volumen de evidencia sobre seguridad muy superior al de la mayoría de los suplementos nutricionales.
En personas sanas, la creatina monohidratada utilizada en las dosis habituales presenta un perfil de seguridad muy favorable.
¿Y si una persona tiene cáncer?
Actualmente no tenemos evidencia suficiente para recomendar de forma generalizada la creatina como suplemento para tratar el cáncer o mejorar su evolución.
Tenemos datos experimentales fascinantes sobre inmunidad antitumoral, pero todavía no podemos trasladarlos a una recomendación clínica.
Y, al mismo tiempo, el nuevo trabajo sobre plaquetas y metástasis añade una razón más para ser prudentes.
Por eso, si una persona tiene un cáncer activo o está recibiendo tratamiento oncológico, mi recomendación es sencilla:
no iniciar creatina —ni cualquier otro suplemento— sin comentarlo previamente con su oncólogo.
Esto es exactamente lo que hemos explicado siempre desde Un Día de Abril.
Que un suplemento sea seguro para la población general no significa que sea apropiado para absolutamente todas las personas y todas las circunstancias.
Mientras discutimos sobre creatina, hay factores de riesgo de cáncer mucho más importantes que sí conocemos
Y ahí sí tenemos muchísimo margen para actuar.
El cáncer supone una carga sanitaria creciente. En 2022 se diagnosticaron cerca de 20 millones de nuevos casos en el mundo y se produjeron aproximadamente 10 millones de muertes. Si continúan las tendencias demográficas actuales, se estima que en 2050 podrían diagnosticarse alrededor de 35 millones de casos anuales, un 77 % más que en 2022. Parte importante de este incremento se explica por el crecimiento y envejecimiento de la población, además de los cambios en la exposición a determinados factores de riesgo. Los cánceres más diagnosticados globalmente incluyen pulmón, mama, colorrectal y próstata.
Pero prevención no significa que podamos controlarlo todo.
Podemos hacerlo todo “bien” y aun así desarrollar un cáncer. La edad, la genética, el azar biológico, determinadas infecciones y multitud de factores que todavía no comprendemos también intervienen.
No existe una manera de prevenir el 100 % de los cánceres.
Sin embargo, según un gran análisis de la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la IARC publicado en 2026, alrededor del 37 % de los nuevos casos de cáncer diagnosticados mundialmente en 2022 estuvieron relacionados con causas prevenibles. El tabaco fue la primera, responsable aproximadamente del 15 % de todos los nuevos casos; determinadas infecciones oncogénicas explicaron alrededor del 10 % y el alcohol aproximadamente el 3 %.
Y ahí es donde sí tenemos el poder de cambiar la historia.
Tabaco, alcohol, alimentación y músculo: prevención activa
Tabaco: probablemente una de las decisiones más importantes que podemos tomar
Fumar es uno de los factores de riesgo modificables de cáncer mejor establecidos. Las personas que fuman tienen aproximadamente entre 15 y 30 veces más probabilidades de desarrollar o morir por cáncer de pulmón que quienes no fuman. Además, el tabaco está relacionado con cáncer de boca, laringe, esófago, vejiga, riñón, páncreas, cuello uterino, colon y otros tumores. Tenemos décadas de evidencia epidemiológica en millones de personas.
Alcohol: cuanto menos, mejor desde el punto de vista oncológico
El alcohol es un carcinógeno reconocido del grupo 1 por la IARC y está relacionado causalmente con al menos siete tipos de cáncer. No existe un nivel de consumo que podamos definir como completamente libre de riesgo de cáncer. Para ponerlo en perspectiva, en cáncer de mama se estima que cada aproximadamente 10 gramos de alcohol diarios —alrededor de una bebida— se asocian con un incremento relativo cercano al 7 % del riesgo. En consumos elevados, el riesgo de determinados cánceres de boca, faringe y esófago puede multiplicarse varias veces respecto a quienes no beben. Aquí el mensaje científico es bastante claro: menos alcohol es mejor y no beber es la opción de menor riesgo.
Alimentación: volvamos a lo sencillo
Una alimentación de patrón mediterráneo, rica en verduras, frutas, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, cereales integrales y pescado, y con menor presencia de carnes procesadas, bebidas azucaradas y alimentos de baja calidad nutricional, encaja con las recomendaciones internacionales de prevención.
El estudio PREDIMED nos dejó además un dato muy interesante.
En un análisis de 4.152 mujeres seguidas durante una mediana de 4,8 años se diagnosticaron 35 cánceres de mama. El grupo asignado a dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra presentó una incidencia significativamente menor que el grupo control.
Y dentro de ese patrón hay otro protagonista: la fibra. Existe evidencia sólida de que los cereales integrales y los alimentos ricos en fibra se asocian con menor riesgo de cáncer colorrectal.
Con los ultraprocesados debemos utilizar la misma prudencia científica que estoy defendiendo en todo este artículo. Su consumo elevado se asocia con obesidad, alteraciones metabólicas y peores patrones dietéticos, y distintos estudios observacionales encuentran asociaciones con algunos tumores. Sin embargo, todavía no podemos afirmar que todos los alimentos clasificados como ultraprocesados produzcan cáncer directamente. La evidencia causal específica es menos sólida que la que tenemos para tabaco, alcohol o carne procesada.
Muévete. Y conserva tu músculo.
La actividad física se asocia con menor riesgo de distintos cánceres, especialmente colon, mama y endometrio.
Las recomendaciones actuales proponen aproximadamente 150–300 minutos semanales de actividad moderada o 75–150 minutos de actividad vigorosa, además de reducir el sedentarismo.
Y aquí aparece de nuevo la creatina, pero colocada en el lugar que le corresponde. La creatina ayuda a mantener disponible fosfocreatina para regenerar rápidamente ATP durante esfuerzos intensos y, combinada con entrenamiento de fuerza, puede mejorar el rendimiento y favorecer las ganancias de fuerza. Esto está respaldado por numerosos ensayos y metaanálisis.
Un músculo fuerte nos proporciona reserva funcional y contribuye a una mejor salud metabólica y a mantener independencia con el paso de los años, algo clave que también tratamos en nuestro artículo de mejores suplementos para menopausia y perimenopausia donde preservar el músculo es vital.
La creatina puede ser una herramienta para ayudarte a entrenar mejor.
No sustituye al entrenamiento.
No sustituye a una alimentación adecuada.
La prevención también significa vacunarnos y participar en los programas de detección precoz
Hay cánceres frente a los que disponemos de herramientas extraordinariamente eficaces.
La vacunación frente al virus del papiloma humano (HPV) ayuda a prevenir los cánceres relacionados con el mismo, especialmente el cáncer de cuello uterino. La vacunación frente a hepatitis B también previene una infección relacionada con cáncer hepático.
Y después está la detección precoz.
En España existen actualmente programas poblacionales de cribado para cáncer de mama, cuello uterino y cáncer colorrectal.
En cáncer de cuello uterino, el cribado comprende actualmente a mujeres entre 25 y 65 años. Entre 25 y 29 años se utiliza citología según situación vacunal y, a partir de los 30 años, la prueba de HPV de alto riesgo constituye la prueba principal, habitualmente cada cinco años cuando es negativa.
En cáncer colorrectal, España amplió en 2026 la población objetivo hasta los 50–74 años, utilizando sangre oculta en heces cada dos años. Una prueba positiva debe estudiarse posteriormente, generalmente mediante colonoscopia. Las personas con antecedentes familiares o un riesgo elevado pueden necesitar estrategias diferentes y colonoscopias individualizadas.
Y en cáncer de mama, en mayo de 2026 se aprobó ampliar progresivamente el cribado mediante mamografía desde los 45 hasta los 74 años. La implantación es progresiva y puede variar temporalmente entre comunidades autónomas.
Detectar un tumor precozmente puede cambiar radicalmente su pronóstico. Muchos cánceres tienen una elevada probabilidad de curación cuando se diagnostican en fases tempranas y reciben el tratamiento adecuado.
Muchas personas quieren certezas. La ciencia casi nunca funciona así
Vivimos en un momento curioso.
Nunca habíamos tenido tanto acceso a información científica y, paradójicamente, nunca había sido tan fácil generar miedo con ella.
Las redes sociales premian los mensajes contundentes:
“Esto produce cáncer.”
“Esto cura el cáncer.”
“Nos han engañado.”
“Todo lo que sabíamos era mentira.”
Esos titulares llaman nuestra atención, producen emociones y se comparten.
Pero la ciencia suele hablar un lenguaje mucho menos espectacular:
“depende”.
“todavía no lo sabemos”.
“hay una asociación”.
“se observó en animales”.
“necesitamos estudios en humanos”.
Y aunque ese lenguaje consiga menos clics, es honesto.
Cuando comunicamos un estudio experimental sin explicar que fue realizado en ratones, cuando transformamos once voluntarios sanos en una supuesta demostración de metástasis en humanos o cuando elegimos solo el estudio que confirma lo que ya pensábamos, dejamos de divulgar ciencia y empezamos a construir miedo.
Entonces, ¿qué hago con mi creatina?
Si eres una persona sana, haces ejercicio y utilizas monohidrato de creatina en las dosis habituales, la evidencia disponible no demuestra que estés aumentando tu riesgo de cáncer.
El nuevo estudio no modifica por sí solo las décadas de información que tenemos sobre su seguridad. Tan solo añade una pregunta nueva que debemos seguir investigando.
Si tienes un cáncer activo, antecedentes oncológicos recientes o estás recibiendo tratamiento, la situación es diferente: habla con tu oncólogo antes de utilizar creatina o cualquier otro suplemento.
Y si mañana aparece nueva evidencia de calidad que cambie estas recomendaciones, también las cambiaremos.
Porque eso es precisamente la ciencia.
No aferrarse a tener razón.
Sino estar dispuestos a modificar nuestras conclusiones cuando aparecen mejores datos.
Mi intención no es convencerte de que tomes creatina.
Tampoco convencerte de que no la tomes.
Quiero darte la información suficiente para que puedas decidir sin miedo.
Tenemos herramientas que pueden ayudarnos a movernos mejor, entrenar mejor, mantener nuestro músculo, alimentarnos mejor y cuidar nuestra salud.
En Un Día de Abril nuestro propósito es ayudarte a entender cuáles son las herramientas que pueden ser útiles para ti, desde dos palabras que para nosotros son inseparables, como bien reflejamos en nuestra historia y filosofía:
ciencia y conciencia.
Cuidar nuestra salud no significa vivir intentando eliminar todos los riesgos —eso es imposible—.
Significa actuar sobre aquello que está en nuestras manos, llevar un estilo de vida saludable, participar en los programas de prevención y detección precoz y seguir viviendo.
Con información.
Sin dogmas.
Y, sobre todo, sin miedo.
Referencias clave
- Xie S, Chen R, et al. Exogenous creatine supplementation promotes tumor metastasis via megakaryocyte creatine kinase B-STAT5B signaling. Nature Communications. 2026; 17:8662. DOI: 10.1038/s41467-026-74639-z.
- Kang E, Elsten-Brown J, Wang YC, et al. Creatine uptake promotes dendritic cell activation and enhances antitumor immunity. iScience. 2026;29(4):115436. DOI: 10.1016/j.isci.2026.115436.
- Creatine supplementation enhances anti-tumor immunity by promoting adenosine triphosphate production in macrophages. 2023. PMID: 37662917.
- Kreider RB, et al. International Society of Sports Nutrition position stand: safety and efficacy of creatine supplementation in exercise, sport, and medicine. JISSN. 2017; 14:18. DOI: 10.1186/s12970-017-0173-z.
- Kreider RB, Gonzalez DE, Hines K, et al. Safety of creatine supplementation: analysis of the prevalence of reported side effects in clinical trials and adverse event reports. JISSN. 2025. DOI: 10.1080/15502783.2025.2488937.
- WHO/IARC. Four in ten cancer cases could be prevented globally. 3 febrero 2026.
- International Agency for Research on Cancer. Global cancer burden, 2022; projections to 2050.
- National Cancer Institute. Alcohol and Cancer Risk Fact Sheet.
- Toledo E, et al. Mediterranean Diet and Invasive Breast Cancer Risk Among Women at High Cardiovascular Risk in the PREDIMED Trial. JAMA Internal Medicine. 2015.
- World Cancer Research Fund. Cancer Prevention Recommendations: physical activity, whole grains and dietary fibre.
- Ministerio de Sanidad. Programas de cribado de cáncer del Sistema Nacional de Salud. Actualizaciones 2025–2026.

