Cómo escuchar tu cuerpo
- 1. ¿Cuántas veces has escuchado “tengo que escuchar más a mi cuerpo”?
- 2. La interocepción: el sentido que hemos olvidado
- 3. Primero el cuerpo, después las emociones
- 4. Vivimos desconectados de las señales
- 5. Un pequeño experimento para este verano
- 6. “¿Qué necesito ahora?” en lugar de “¿Qué tengo que hacer?”
- 7. Suplementos que pueden acompañarte este verano
- 8. Reflexión final
Este verano, escucha a tu cuerpo. ¿Cuántas veces has escuchado o te has dicho “tengo que escuchar más a mi cuerpo”? Es una frase que repetimos cuando el agotamiento lleva semanas instalándose, cuando la espalda nos duele, cuando el sueño no llega o cuando una analítica nos da un susto. Pero escuchar al cuerpo no debería empezar cuando ya nos ha pegado un grito. Tu cuerpo no empieza a hablarte cuando aparece el dolor. Lleva mucho tiempo enviándote señales. El problema es que hemos aprendido a vivir tan pendientes del reloj, del móvil, de las obligaciones y de las listas de tareas, que hemos dejado de prestar atención al lenguaje más importante que tenemos: el de nuestro propio organismo, que se expresa a través de emociones, pensamientos y síntomas físicos. Descubre más sobre hábitos saludables en nuestra guía con diez hábitos saludables →
¿Cuántas veces has escuchado “tengo que escuchar más a mi cuerpo”?
Es en lo primero que pensamos cuando llevamos semanas agotados, cuando nos duele la espalda, cuando no dormimos bien o cuando una analítica nos da un susto.
Es curioso, porque casi siempre empezamos a escuchar al cuerpo cuando ya nos ha pegado un grito. Tu cuerpo no empieza a hablarte cuando aparece el dolor. Lleva mucho tiempo enviándote señales. El problema es que hemos aprendido a vivir tan pendientes del reloj, del móvil, de las obligaciones y de las listas de tareas, que hemos dejado de prestar atención al lenguaje más importante que tenemos: el de nuestro propio organismo, que se expresa a través de emociones, pensamientos y síntomas físicos.
Este verano me gustaría proponerte algo distinto. No un reto para hacer más ejercicio. Tampoco una dieta nueva. Ni siquiera una lista de buenos propósitos. Todo esto ya lo conoces. Me gustaría invitarte a recuperar una habilidad que todos tenemos, pero que hemos ido perdiendo: la capacidad de percibir lo que ocurre dentro de nosotros.

La interocepción: el sentido que hemos olvidado
Se llama interocepción. La interocepción es el sentido que nos permite notar los latidos del corazón, el ritmo de la respiración, la tensión muscular, el hambre, la sed, el cansancio o la sensación de calma.
Igual que tenemos vista u oído para percibir el mundo exterior, también tenemos un sistema para percibir lo que sucede dentro de nuestro cuerpo.
Primero el cuerpo, después las emociones
Durante mucho tiempo pensamos que primero aparecían los pensamientos y después las emociones. Hoy sabemos que, en muchas ocasiones, ocurre justo al revés.
Nuestro cerebro está interpretando continuamente las señales que recibe del cuerpo para construir cómo nos sentimos. La neurocientífica Lisa Feldman Barrett explica que las emociones no aparecen de la nada, sino que el cerebro las crea utilizando, entre otras cosas, la información que recibe de nuestro organismo. El maravilloso Antonio Damasio ya había defendido algo parecido con su teoría de los marcadores somáticos: muchas decisiones empiezan siendo una sensación corporal antes de convertirse en un pensamiento consciente.
Quizá alguna vez has dicho: “No sé qué me pasa, pero estoy irritable”. U “hoy todo me molesta”. Tal vez no era solo una cuestión de actitud. Quizá llevabas días durmiendo mal, respirando deprisa, acumulando tensión muscular y funcionando con el depósito casi vacío. El cerebro interpreta ese estado fisiológico e interpreta la forma en que percibimos el mundo. No es que todo vaya peor. Simplemente tu organismo está haciendo un enorme esfuerzo por mantenerse en equilibrio.
Vivimos desconectados de las señales
Vivimos desconectados de esas pequeñas señales. Seguimos trabajando, aunque tengamos la mandíbula apretada desde hace horas. Comemos porque toca, no porque tengamos hambre. Respondemos un correo más cuando el cuerpo lleva rato pidiendo una pausa. Confundimos agotamiento con falta de motivación. Nos culpamos por no rendir cuando, en realidad, quizá lo que necesitamos no es más disciplina, sino más recuperación.
Si te sientes identificado con esto, nuestra guía sobre cómo reducir la ansiedad y vivir con más serenidad puede ayudarte a entender mejor cómo gestionar el estrés y reconectar contigo misma.
Un pequeño experimento para este verano
Por eso me gustaría proponerte un pequeño experimento durante este verano. Tres veces al día, sin poner alarmas ni aplicaciones, detente apenas medio minuto. No hace falta cerrar los ojos ni meditar. Simplemente pregúntate: ¿Qué está sintiendo mi cuerpo ahora mismo? No qué estás pensando, ni lo que tienes pendiente. Solo qué está ocurriendo dentro de ti.
- ¿Respiras deprisa o despacio?
- ¿Notas tensión en el cuello?
- ¿Tienes energía o sientes pesadez?
- ¿Necesitas movimiento o descanso?
Parece un ejercicio sencillo, pero las investigaciones muestran que las personas con una mejor capacidad de interocepción regulan mejor sus emociones y toman decisiones más ajustadas a sus necesidades.
“¿Qué necesito ahora?” en lugar de “¿Qué tengo que hacer?”
Hay otra pregunta que puede cambiar mucho nuestra forma de vivir. Solemos preguntarnos constantemente: “¿Qué tengo que hacer ahora?” Y quizá sería más útil preguntarnos: “¿Qué necesito ahora?”
Puede que ambas respuestas coincidan, pero puede que otras veces descubras que lo que necesitas es beber agua, levantarte de la silla cinco minutos, salir a que te dé el sol, llamar a alguien que quieres o simplemente dejar de exigirte tanto.
Escuchar al cuerpo no significa hacer siempre lo que nos apetece ni dejarte arrastrar por tu estado emocional. Significa dejar de vivir ignorando las señales que el cuerpo lleva semanas enviándonos. Es un acto de inteligencia, no de debilidad.
Cuanto antes escuchamos los susurros, menos probabilidades hay de que el cuerpo tenga que acabar gritando.
Suplementos que pueden acompañarte este verano
En Un Día de Abril creemos que el bienestar no depende de una sola cosa. Es el resultado de muchos pequeños gestos repetidos en el tiempo. Dormir bien, hacer ejercicio, cuidar nuestras relaciones, gestionar el estrés y también ofrecerle al organismo los nutrientes que necesita para funcionar de la mejor manera posible.
Los suplementos no sustituyen esos hábitos, pero pueden acompañarlos cuando existe una necesidad real. ¿No sabes qué suplemento elegir? Lee nuestra guía completa sobre qué suplemento necesito →
Si quieres sentirte con más vitalidad
Si este verano quieres sentirte con más vitalidad para caminar, viajar, entrenar o simplemente llegar al final del día con energía, la creatina puede ser una gran aliada.
Aunque durante años se ha asociado únicamente al rendimiento deportivo, hoy sabemos que también participa en la producción de energía de nuestras células y cada vez hay más investigaciones que estudian su papel en la función cerebral y en la fatiga mental.
Si el estrés se instala como tensión muscular
Si notas que el estrés se instala en forma de tensión muscular, nerviosismo o esa sensación de ir siempre acelerado, un buen aporte de magnesio puede contribuir al funcionamiento normal del sistema nervioso y ayudar a una mejor recuperación.
Si duermes peor por los cambios de horario
Y si los cambios de horario del verano hacen que duermas peor, nuestro suplemento Dormir puede ayudarte a recuperar un descanso reparador. Porque dormir no es perder el tiempo. Es el momento en el que el cerebro reorganiza la memoria, regula las emociones y el cuerpo se prepara para afrontar un nuevo día.
Si trabajas en interiores
También nos gusta recordar que, aunque pasemos más tiempo al aire libre, muchas personas siguen teniendo niveles insuficientes de vitamina D, especialmente quienes trabajan en interiores o protegen adecuadamente su piel del sol. Mantener unos niveles adecuados es importante para la salud ósea, muscular e inmunitaria.
Reflexión final
Ojalá este verano no solo vuelvas con fotografías bonitas. Ojalá vuelvas con una habilidad que pueda acompañarte todo el año: la de reconocer cuándo tu cuerpo te está pidiendo ayuda antes de que tenga que obligarte a parar.
Cuidarse no empieza cuando aparecen los síntomas, sino cuando aprendemos a escuchar los pequeños mensajes que nuestro organismo lleva mucho tiempo intentando decirnos.
Con cariño,
Radharani y Patri

