Hay días que entrenas y sientes que el cuerpo podría, pero la cabeza pone cara de “hoy no”. Y otros en los que, de repente, sueltas un “¡vamos, joder!” y parece que se enciende un interruptor interno.
La forma de hablarnos (self-talk / autohabla / autoinstrucciones) influye en la atención, la tolerancia al esfuerzo, la confianza y la regulación emocional. Y dentro de ese universo, las palabrotas son un caso curioso: funcionan como lenguaje “tabú” con una carga emocional especial y eso puede empujar el rendimiento en tareas intensas y cortas.
1) ¿Por qué decir palabrotas puede aumentar el rendimiento?
La evidencia más sólida viene de estudios experimentales en los que la misma persona realiza pruebas físicas en dos condiciones: repitiendo una palabrota vs. repitiendo una palabra neutra.
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En un estudio clásico en Psychology of Sport and Exercise, repetir un insulto/tabú durante un test anaeróbico (Wingate, 30 segundos “a muerte”) y durante una prueba de fuerza de agarre mejoró la potencia y la fuerza frente a una palabra neutra. Lo llamativo: no encontraron cambios claros en variables autonómicas (frecuencia cardiaca, conductancia de la piel, etc.), así que el efecto no se explica solo por “adrenalina”.
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Una revisión reciente en Frontiers in Psychology resume varios estudios y estima mejoras (según tarea) como +9% en fuerza de agarre, +22% en wall-sit, +15% en flexiones, +12% en plancha cuando se usa palabrota en comparación con palabra neutra.
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Y en diciembre de 2025, la APA divulgó nuevos resultados donde el mecanismo propuesto se centra en algo muy psicológico: “desinhibición” (aflojar frenos internos), con aumentos reportados en foco, confianza, resistencia y estado de flow.
La palabrota puede actuar como un botón de “permiso”. Permiso para apretar un poco más, para dejar de negociar con la incomodidad, para comprometerte con el esfuerzo. No es elegante… pero a veces es eficaz.
Ojo: el efecto puede depender del contexto y de cuánto “tabú” sea para ti esa palabra. Si la dices cada 20 segundos en la vida diaria, puede perder fuerza emocional.
2) Esuperpoder” real no es el taco: son las autoinstrucciones
Si ampliamos el foco, lo potente no es solo soltar una palabra fuerte, sino dirigir tu mente con frases que regulan conducta y emoción. Esto se llama self-talk estratégico.
Hay un metaanálisis muy citado en Perspectives on Psychological Science que encontró que el self-talk tiene un efecto moderado positivo sobre el rendimiento deportivo, y que los programas que entrenan autohabla funcionan mejor que los que no la incluyen.
Además, hay estudios aplicados: por ejemplo, una intervención de 3 semanas con jugadores de baloncesto mostró que entrenar self-talk estratégico puede ayudar al rendimiento de tiro libre incluso bajo fatiga (exigencia física elevada). Y no solo importa lo que te dices, sino cuándo aparece: también existe el self-talk “espontáneo” (lo que te sale solo) que está muy ligado a la emoción del momento (rabia, ansiedad, euforia…). Conocerlo ayuda a entrenarlo.
3) Dos tipos de autoinstrucciones que deberías tener en tu “caja de herramientas”
A) Autoinstrucciones motivacionales (para empuje, energía, aguante) Sirven para aumentar activación y compromiso:
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“Vamos.”
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“Una más.”
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“Fuerte y estable.”
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“Sostén.”
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“Aquí me hago grande.”
B) Autoinstrucciones instruccionales (para técnica, precisión, foco) Sirven para dirigir la atención a lo relevante:
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“Espalda recta.”
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“Rodillas hacia fuera.”
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“Empuja el suelo.”
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“Respira: exhala en el esfuerzo.”
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“Mirada fija / punto.”
Cuando el ejercicio requiere técnica, tu frase debería orientar la técnica. Cuando el ejercicio requiere aguantar, tu frase debería empujar.
4) ¿Y dónde entran las palabrotas?
Piénsalo así: el taco no es tu dieta diaria; es tu gel de energía psicológica para momentos concretos.
Cuándo puede ayudar:
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Últimos segundos de una plancha.
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Últimas repeticiones de fuerza.
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Sprint final.
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Un momento de “me quiero bajar del esfuerzo”.
Cómo usarlo sin que te reste:
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Elige “tu” palabra (la que de verdad te activa, no la que queda cool).
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Dosis breve: úsala como disparador 5–10 segundos, no como monólogo de Tarantino.
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Combínala con instrucción:
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“¡Joder! Espalda neutra. Empuja.”
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“¡Vamos! Aire. Ritmo.”
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Contexto y respeto: evita términos ofensivos hacia colectivos. La idea es activar energía, no herir.
5) Un mini-ejercicio Un día de abril: tu “tarjeta de autohabla” (2 minutos)
Escríbelo en notas del móvil:
Mi frase motivacional (aguante): ____________________
Mi frase técnica (foco): ____________________________
Mi frase de calma (cuando me acelero): “Respira y vuelve.”
Mi palabra “botón rojo” (solo en el tramo final): __________
Y ahora la parte clave: ensáyalo en frío. El self-talk funciona mejor cuando no lo improvisas en mitad del caos. Igual que no aprendes técnica de peso muerto en la última repetición, no entrenas tu mente cuando estás reventada: la entrenas antes.
Y recuerda que nuestra CREATINA CREAPURE, también te dará ese plus de energía que necesita tu cuerpo y mente para seguir entrenado con más fuerza y viviendo con más plenitud.
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Referencias (por si quieres citarlas tal cual)
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Stephens, R., Spierer, D. K., & Katehis, E. (2018). Effect of swearing on strength and power performance. Psychology of Sport and Exercise, 35, 111–117. https://doi.org/10.1016/j.psychsport.2017.11.014
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Washmuth, N. B., Stephens, R., & Ballmann, C. G. (2024). Effect of swearing on physical performance: a mini-review. Frontiers in Psychology, 15, 1445175.
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Hatzigeorgiadis, A., Zourbanos, N., Galanis, E., & Theodorakis, Y. (2011). Self-Talk and Sports Performance: A Meta-Analysis. Perspectives on Psychological Science, 6(4), 348–356.
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Galanis, E. et al. (2022). Strategic Self-Talk Assists Basketball Free Throw Performance Under Conditions of Physical Exertion. Frontiers in Sports and Active Living.
