Llegamos a diciembre y… ay, amigas y amigos, en las series acaba la temporada, pero en la vida real es donde se nos quema el motor. El año se nos hace largo, el cuerpo nos pasa factura y la mente, que es muy lista, empieza a mandar señales de “oye, hasta aquí”.
Es como si a final de año se activara un modo diagnóstico interno: revisamos lo vivido, lo que hemos logrado, lo que no, las prisas, los cambios, lo urgente y… lo importante que no ha tenido hueco. Y ahí aparece el invitado no deseado: el burnout.
El término lo acuñó Herbert Freudenberger en los años 70 para describir ese estado de agotamiento físico, mental y emocional producido por un estrés laboral sostenido. Hoy sabemos que no es una moda ni un capricho del lenguaje: es un fenómeno real, estudiado y cada vez más frecuente en prácticamente todos los sectores.
Y diciembre, con su mezcla de cierres, objetivos, balances, eventos, demandas familiares y un cansancio que venimos arrastrando de once meses, es fértil para que el burnout florezca sin pudor.
¿Qué causa este agotamiento?
No es solo “tener mucho trabajo”. Es un cóctel:
- Sobrecarga constante, sin espacios reales de recuperación.
- Falta de control, sentir que decides poco sobre tu tiempo y tus tareas.
- Desconexión entre tus valores y el entorno, ese choque interno que desgasta más que trabajar muchas horas.
- Escaso apoyo social, o relaciones laborales que drenan en lugar de sostener.
Diciembre además suma presión: cerrar todo “antes de Navidad”, preparar logística familiar, correr para todo… y cero margen para el descanso profundo.
Señales de que estás llegando al límite
- Fatiga que no mejora ni durmiendo.
- Irritabilidad, sensibilidad a la mínima y menos paciencia que un semáforo.
- Falta de motivación, cinismo, apatía.
- Sensación de estar en automático, sin chispa.
El gran riesgo es normalizarlo pensando que “ya en vacaciones descansaré”. El burnout no es un resfriado: no se cura con dos días en pijama. Requiere intervención consciente.
Claves prácticas para cuidar tu energía antes de que cierre el año
- Haz una autoevaluación honesta
¿Qué señales está dando tu cuerpo? ¿Tu mente?
Ponles nombre. El burnout se combate viéndolo, no escondiéndolo.
- Ajusta expectativas de diciembre
No vas a salvar al mundo antes del 31. Reduce, prioriza y aplaza. Tu salud no entiende de cierres trimestrales.
- Establece límites claros (y protégelos con cariño)
Decir “no puedo asumir más ahora” no es un fracaso. Es autocuidado real.
- Crea micro-espacios de recuperación
No hace falta un retiro en Bali. Pero ojo, que si puedes, sal zumbando.
Lo que sí hace falta son:
- cinco minutos de respiración,
- un paseo sin móvil,
- un rato de silencio,
- cerrar los ojos entre reuniones.
El sistema nervioso agradece mini-resets.
- Activa la red de apoyo
Habla con alguien de confianza. Compartir lo que pesa baja la carga emocional y activa soluciones.
- Revisa tus hábitos de autocuidado
Sueño, alimentación, movimiento, trabajo de fuerza, minutos para no hacer nada, leer, descanso mental. La base de un buen año empieza en diciembre.
Y recuerda, si tienes problemas de sueño, en Un día de abril tienes nuestro suplemento estrella “Dormir” para facilitarte un descanso reparador y profundo.
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- Mindfulness y relajación
No necesitas ser experto. Basta con practicar:
- respiración diafragmática,
- meditación guiada corta,
- relajación muscular progresiva.
La evidencia es contundente: reducen estrés y mejoran resiliencia.
- Replantea objetivos
A veces no es que estés “mal”, es que estás persiguiendo metas imposibles. Revisa, ajusta y sé compasivo contigo. Llega 2026 y podemos cambiar los patrones y las exigencias.
- Si ya hay síntomas intensos: pide ayuda profesional
El burnout no se “supera solo”. Terapia, acompañamiento psicológico o asesoría laboral pueden marcar la diferencia.
- Si lideras un equipo, revisa tu cultura laboral
Políticas de descanso, flexibilidad, reconocimiento, apoyo real. La prevención del burnout empieza arriba.
Y te dejo un mensaje final para cerrar el año: no te exijas funcionar como si fueras infinito
No somos baterías ilimitadas, aunque diciembre nos haga creer que sí. Cuidarte no es un premio de fin de año, es la única condición para llegar bien al siguiente.
Y desde Un Día de Abril, donde hablamos de energía, salud y bienestar desde la ciencia y la humanidad, queremos recordarte esto:
Tu descanso es parte de tu rendimiento. Tu bienestar es parte de tu éxito. Tu límite es un dato, no un defecto.
Que cierre el año como tenga que cerrar, pero que tú llegues entera.
Un beso grande,
Patri
